Bosques urbanos, más que una simple decoración

Científicos británicos piden convertirlos en infraestructura obligatoria para planificar las ciudades y reclaman presupuestos específicos para su gestión. El problema aparece cuando estos servicios ambientales se consideran secundarios.

JULIO MARTINEZ /COLABORADOR / MEDIO AMBIENTE

Durante décadas, los árboles de las ciudades se han considerado un complemento agradable. Algo que embellece una avenida, mejora un parque o hace más atractiva una plaza. Sin embargo, esa visión empieza a cambiar.

Un grupo internacional de científicos sostiene que los bosques urbanos deberían recibir un tratamiento similar al transporte público, el saneamiento, la educación o las redes de suministro de agua, ya que la humedad del suelo es esencial para que los árboles temperen el clima y ayuden a disminuir el grado de las catastrófes. 

Es decir, deberían formar parte de las infraestructuras básicas de una ciudad que debe estar obligada a planificar, financiar y mantener. La propuesta, publicada en la revista PLOS Climate y liderada por el ecólogo Manuel Esperón-Rodríguez, de la Universidad de Bangor, en Gales, plantea un cambio importante en la forma de gestionar la vegetación urbana.

Estos científicos británicos proponen convertir los bosques urbanos en infraestructura esencial para combatir el calor, las inundaciones y la desigualdad. Piden tratar los árboles urbanos como una infraestructura obligatoria. No se trata simplemente de plantar más árboles. La cuestión es mucho más amplia: garantizar que todas las ciudades dispongan de una infraestructura verde suficiente, bien distribuida, adaptada al clima futuro y mantenida durante décadas.

Un árbol adulto presta simultáneamente varios servicios que una ciudad tendría que proporcionar mediante diferentes infraestructuras. Su copa intercepta parte de la radiación solar y reduce el calentamiento de calles, fachadas y vehículos. Mediante la evapotranspiración libera humedad y contribuye a disminuir la temperatura del entorno.  

Sus raíces facilitan la infiltración del agua de lluvia, estabilizan el suelo y reducen parte de la escorrentía superficial que termina saturando los sistemas de drenaje. La vegetación urbana también captura partículas contaminantes, almacena carbono, amortigua el ruido y proporciona refugio a insectos, aves y pequeños animales.

A todo ello se añade un beneficio difícil de representar en una hoja de cálculo: vivir cerca de espacios verdes mejora la calidad de vida y favorece la actividad física, la convivencia y el contacto cotidiano con la naturaleza. Por esto, los científicos reclaman presupuestos específicos y permanentes para la gestión de los bosques urbanos. El problema aparece cuando estos servicios ambientales se consideran secundarios.

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