Una ciudad verde, pero desigual

Hablar de una “ciudad verde” requiere mirar más allá de la cantidad de plazas o árboles que aparecen en las estadísticas municipales. En el caso de San Bernardo, la comuna  tiene sectores con parques, áreas verdes y calles arboladas.

También tiene un cerro espléndido, donde está construyéndose El Parque Metropolitano Sur Cerro Chena, próximo a inaugurarse, donde la primera persona que comenzó la reforestación en la década de 1980 fue el doctor Juan Zúñiga, quien nuevamente inspirado en esas virtuales rutina de la imaginación para hacerlas trascender, lidera la realización de un proyecto que significa la segunda etapa del  Parque.

Pero también existen barrios donde la vegetación es escasa, predominan el pavimento y las construcciones. Encontrar sombra durante los meses de mayor temperatura puede convertirse en un verdadero problema en el sector oriente de la comuna.

Esta desigual distribución de la vegetación genera una diferencia que se siente especialmente durante las olas de calor. No todos los vecinos tienen las mismas condiciones para enfrentar las altas temperaturas ni el mismo acceso a espacios públicos agradables y seguros.

El problema tiene además una dimensión social. Los adultos mayores, niños, personas que trabajan en la calle y familias que no pueden mantener permanentemente un aire acondicionado o ventilador están más expuestos a las consecuencias del calor extremo.

En sectores densamente poblados de San Bernardo, con viviendas sociales estrechas, falta de árboles y de sombra no solamente aumenta la delincuencia y la temperatura, sino que también desincentiva caminar, hacer ejercicio o utilizar plazas y espacios públicos durante el verano.

Por eso, una política comunal de arborización y recuperación de áreas verdes debería identificar primero aquellos sectores que presentan las mayores carencias porque se necesita avanzar hacia una planificación que considere el “mapa del calor” y el déficit de áreas verdes de cada barrio.

No basta con anunciar la plantación de cientos o miles de árboles si posteriormente no existe riego, mantención y seguimiento. La elección de las especies también es fundamental. Deben entregar sombra, adaptarse a las condiciones climáticas, de suelo y no generar problemas posteriores con raíces, veredas o infraestructura.

Una verdadera política de ciudad verde debería preguntarse dónde un árbol puede cambiar efectivamente la calidad de vida de los vecinos y priorizar esos lugares por sobre las metas meramente estadísticas.

Pero esta tarea tampoco puede hacerse exclusivamente desde las oficinas municipales. Los vecinos de San Bernardo saben dónde falta sombra, qué plazas están deterioradas y cuáles son los espacios que podrían transformarse en pequeños pulmones verdes. Incorporarlos en la planificación permitiría desarrollar soluciones diferentes según cada sector: corredores arbolados, recuperación de plazas, huertos comunitarios o simplemente grandes árboles que protejan recorridos peatonales.

El desafío para San Bernardo es, finalmente, que la condición de “ciudad verde” no sea un privilegio de determinados barrios. Una comuna preparada para el cambio climático debe garantizar que el acceso a la sombra, los árboles y los espacios verdes sea también una cuestión de equidad social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *