Cuando la soledad comienza a recortar el futuro

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Cada vez que San Bernardo amanece remecido por una  tragedia que impacta a todo el país, el alcalde Christopher White vuelve hacer la misma petición: el Estado debe sacar militares a las calles para recuperar el control territorial. Pero, indica que también es fundamental ir al principio de la carrera delictual.

Y el comienzo está en el abandono del Estado donde debería estar más presente. En los más vulnerables cuando cada vez se profundiza la división entre ricos y pobres. Donde los niños crecen en el abandono al cuidado de hermanos un poco mayores. Con padres presos, drogadictos. Muchos simplemente han desaparecido de sus vidas. Al cuidado de los abuelos, o solo una abuela que también debe traficar para alimentar al nieto. Rotando en casas de tíos, hermanos o vecinos. Sin dinero y con una oferta inmensa de distintos productos ofrecido en todas las posibilidades digitales. Otros pasan gran parte del día solos porque sus padres trabajan jornadas extensas para sobrevivir con salarios que ni siquiera les alcanzan para cubrir las necesidades básicas.

Entonces, en ese escenario, enredado,  en ese miedo paralizante de la soledad y varios “soldados” rondando en el inmenso abandono de los barrios periféricos, encuentran una mano fraterna, que los moldea y los utiliza a sus intereses.

Por ello, la muerte de un menor no solo es una tragedia individual y familiar. También es el reflejo de una cadena de fracasos sociales que comienza mucho antes que el delito. Marcados por la pobreza, la drogadicción, la ausencia parental, el hacinamiento y la violencia cotidiana.

Frente a esta realidad surge una pregunta fundamental: ¿es sensato, conveniente, racional  recortar recursos destinados a educación, salud mental, programas de rehabilitación, protección de la infancia y apoyo comunitario como propone el Gobierno en su reforma estructural?

La respuesta parece evidente. Cuando el Estado reduce la inversión en prevención, termina gastando mucho más en persecución, cárceles, tribunales y atención de víctimas.

Un niño que abandona la escuela tiene mayores probabilidades de ser captado por bandas criminales. Un adolescente con problemas de salud mental sin tratamiento adecuado tiene más posibilidades de involucrarse en conductas de riesgo. Una familia afectada por la drogadicción sin acceso a rehabilitación enfrenta mayores dificultades para romper el círculo de la exclusión.

Por ello, la seguridad pública no puede entenderse únicamente como una labor policial. También es una tarea educativa, sanitaria y social.

Existe una realidad incómoda que pocas veces se aborda con suficiente profundidad. Una parte importante de los menores involucrados en delitos graves ya se encontraba fuera del sistema escolar mucho antes de cometerlos.

La escuela suele ser el último espacio institucional capaz de detectar señales de alerta: abandono, violencia intrafamiliar, consumo de drogas, problemas psicológicos o vulneración de derechos. Cuando ese vínculo se rompe, el niño queda expuesto a una realidad donde las bandas criminales ofrecen identidad, protección y dinero rápido. Pero sería un error pensar que el problema se resolverá únicamente aumentando penas o construyendo más cárceles.

La experiencia internacional demuestra que las sociedades más seguras son aquellas que combinan una acción policial eficaz con sistemas sólidos de educación, salud, protección de la infancia y oportunidades laborales.

Cuando los niños tienen acceso a escuelas de calidad, espacios deportivos, atención psicológica, programas culturales y familias apoyadas por redes comunitarias, las posibilidades de que ingresen al mundo del delito disminuyen considerablemente.

La verdadera pregunta no es solamente cómo castigar a los responsables, sino cómo evitar que nuevas generaciones crezcan en entornos donde la violencia parece una realidad inevitable.

Ahora, con un parlamento preocupado de una acusación constitucional a un ex ministro, de un gobierno que perdió en todo Chile hace un año. Con un Presidente que llegó al poder lleno metáforas, hipérboles, asegurando que su prioridad sería la Seguridad, sin embargo  asumió sin una línea escrita al respecto y con un ministro de seguridad aceptando que han fallado. Así, es difícil superar el problema.   

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