Las lluvias y el aumento del agua almacenada deben observarse dentro de un escenario mucho más amplio, que incluye ríos, suelos y aguas subterráneas.
aki web news (A.W.N.).
El escenario hídrico de Chile llega a agosto de 2026 con una señal positiva, pero que obliga a mantener la cautela. El embalse El Yeso, una de las principales reservas de agua para la Región Metropolitana, alcanza aproximadamente un 66% de su capacidad.
El buen nivel responde al superávit de nieve y a las precipitaciones registradas durante el invierno en la cuenca del río Maipo. Sin embargo, el acceso vehicular al embalse El Yeso permanece cerrado por razones de seguridad propias de la temporada invernal.
La recuperación de los embalses constituye una noticia favorable, pero no significa que Chile dejó atrás sus problemas de disponibilidad de agua. El director de la Cátedra UNESCO en Hidrología de Superficie de la Universidad de Talca, Roberto Pizarro Tapia, ha advertido que las lluvias y el aumento del agua almacenada deben observarse dentro de un escenario mucho más amplio, que incluye ríos, suelos y aguas subterráneas.
En poco más de un mes, los 25 embalses monitoreados por la DGA aumentaron en casi 2.500 millones de metros cúbicos, pero ese incremento todavía no permite compensar completamente los efectos acumulados de años de sequía y de sobreexplotación del recurso.
La diferencia es fundamental: un embalse puede recuperarse rápidamente después de un invierno lluvioso, mientras que un acuífero necesita que el agua se infiltre en el suelo y puede requerir mucho más tiempo para recuperar sus niveles.
Entonces, el desafío ahora es aprovechar la mayor disponibilidad para disminuir los déficits acumulados y, al mismo tiempo, prepararse para un verano que podría volver a someter a presión los sistemas de abastecimiento.
Por ello, el cuidado del agua no puede comenzar cuando aparezcan las restricciones, sino durante el invierno, cuando existe mayor disponibilidad.
En general, se recomienda reparar filtraciones de llaves, estanques y cañerías, no dejar que corra el agua y preferir sistemas de riego eficientes. En jardines, regar al anochecer para reducir la evaporación. También es posible reutilizar, cuando sea seguro y apropiado, aguas domésticas para la limpieza de patios.

La propuesta también consiste en integrar la vegetación dentro de la planificación presupuestaria de los municipios. Las superficies de asfalto, hormigón y otros materiales artificiales absorben energía durante el día y la liberan lentamente durante la noche. Este fenómeno contribuye a crear la conocida isla de calor urbana.
En numerosas ciudades, los barrios con mayores ingresos disponen de más árboles, parques y jardines. Y la diferencia tiene consecuencias reales.
Las personas mayores, los niños, quienes trabajan al aire libre y los hogares que no pueden utilizar sistemas de climatización durante muchas horas son especialmente vulnerables al calor extremo.
La idea es ampliar el bosque urbano, pero sin estudiar dónde se encuentran las mayores carencias puede incluso aumentar las desigualdades existentes.
Los científicos defienden que la inversión debe priorizar los barrios con menor cobertura vegetal y mayor exposición al calor. Una ciudad puede aumentar estadísticamente su número de árboles y continuar dejando desprotegida a una parte importante de la población.
La recuperación de El Yeso y de otros embalses ofrece un margen de seguridad mayor para enfrentar los próximos meses, pero no debe generar una falsa sensación de abundancia. El agua acumulada este invierno es una oportunidad para recuperar solo parte de las reservas.

