Megareforma: ¿y las Pymes?

aki web news (A.W.N.).

La aprobación de la megareforma económica ocurrida esta semana en el Senado abre una pregunta que interesa especialmente a los pequeños empresarios y emprendedores: ¿qué reciben las Pymes desde ahora y qué cambia realmente en su actividad diaria?

Entonces, existe la obligación de separar en dos la respuesta: las expectativas,  de las medidas concretas. Existen iniciativas tributarias y de apoyo destinadas a las empresas de menor tamaño, pero buena parte de sus efectos son graduales y no significan un aumento inmediato de las ventas o del capital de trabajo.

Para una Pyme, acostumbrada a enfrentar mes a mes los costos de arriendo, remuneraciones, proveedores, impuestos y financiamiento, el problema sigue siendo cómo transformar una reforma nacional en recursos disponibles para hacer crecer su negocio.

Uno de los elementos favorables está en el régimen tributario para las empresas de menor tamaño. Las Pymes acogidas al régimen Pro Pyme mantienen durante 2026 y 2027 una tasa de Impuesto de Primera Categoría de 12,5%, antes de la transición prevista posteriormente. El año 2028 se eleva a de 15% para las pymes. Las grandes empresas, a su vez, comienzan a bajar su carga de impuestos.

Pero aquí aparece el primer desafío: el beneficio tributario por un año más solo se convierte en crecimiento si esos recursos permanecen en la empresa y se destinan a inversión, tecnología, inventario, capacitación, nuevos canales de venta o expansión. Si la Pyme apenas consigue cubrir sus gastos mensuales, una menor carga tributaria tendrá un efecto mucho más limitado.

El segundo gran desafío es el acceso al financiamiento. Una empresa pequeña puede tener clientes, buenos productos y posibilidades de crecimiento, pero no contar con dinero suficiente para comprar maquinaria, aumentar stock, remodelar un local o desarrollar comercio electrónico. Por eso, el apoyo a las Pymes no puede terminar en la tributación. Se necesitan garantías, créditos accesibles, instrumentos que permitan al empresario pasar de administrar la supervivencia a planificar el crecimiento.

Una Pyme no crece porque pague menos impuestos y esa es la principal interrogante de la etapa posterior a la megareforma. Una pyme  crece cuando consigue vender más, produce mejor, reduce costos, accede a nuevos mercados y dispone de capital para invertir.

Por eso, el éxito de la política económica debería medirse también por indicadores concretos: cuántas pequeñas empresas aumentan sus ventas, cuántas invierten, cuántas incorporan tecnología, cuántas acceden a financiamiento y cuántos nuevos empleos formales generan. Si esos resultados no aparecen, el empresario puede terminar percibiendo que las grandes discusiones económicas ocurren muy lejos de su realidad cotidiana.

Entonces la megareforma, no debería cerrar la discusión sobre las Pymes, sino abrir una segunda etapa: una política de crecimiento específicamente diseñada para las empresas de menor tamaño que significan el motor económico del país.

El pequeño comercio, los emprendedores y las empresas familiares necesitan reglas estables, pero también herramientas rápidas para transformar sus capacidades en negocios más productivos y competitivos.

El desafío inmediato debería ser construir ese puente entre la reforma y la calle: que el almacén pueda vender más, que el taller pueda producir más, que el restaurante pueda invertir, que el emprendedor pueda contratar y que la pequeña empresa pueda innovar. Si eso ocurre, la reforma habrá llegado realmente a las Pymes; si no, seguirá siendo una gran transformación económica observada desde lejos por quienes sostienen buena parte del empleo y la actividad local.

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