Cambio climático y el temporal que vive Chile exige una nueva mirada ambiental

aki web news  (AWN)

Las intensas lluvias que afectan a gran parte del país no son un hecho aislado. Aunque los temporales han formado parte de la historia climática, hoy ocurren en un escenario distinto. Un planeta más cálido, océanos con temperaturas récord y una atmósfera capaz de contener mayor cantidad de vapor de agua, con precipitaciones intensas y concentradas.

En este contexto, cuando El Niño coincide con una atmósfera más cálida producto del cambio climático, sus efectos se amplifican. Las imágenes de ríos desbordados, caminos cortados, viviendas inundadas y remociones en masa vuelven a instalar una pregunta sobre la preparación como país para convivir con un clima que ya cambió.

Chile genera menos del 0,3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, figura entre los países más vulnerables del mundo frente al cambio climático Es decir, su responsabilidad directa en el calentamiento del planeta es reducida comparada con potencias como China, Estados Unidos, India o la Unión Europea.

La extensa costa, la cordillera, la desertificación, la pérdida de glaciares, los incendios forestales, la escasez hídrica y ahora los eventos de precipitaciones extremas convierten al país en un verdadero laboratorio de los efectos del clima.

Esta realidad obliga a entender que la política ambiental chilena no puede centrarse únicamente en reducir emisiones. Debe enfocarse en la adaptación y en fortalecer la capacidad de los ecosistemas para enfrentar eventos extremos.

Durante décadas la planificación territorial privilegió el crecimiento urbano, la expansión inmobiliaria y grandes proyectos de infraestructura por sobre la conservación de ecosistemas. Pero la evidencia demuestra que la naturaleza no representa un obstáculo para el desarrollo.

Los humedales son uno de los ejemplos más claros. En Valdivia, numerosos estudios han mostrado que estos ecosistemas funcionan como enormes esponjas naturales capaces de absorber miles de metros cúbicos de agua durante lluvias intensas, reduciendo significativamente las inundaciones.

Cuando un humedal desaparece para dar paso a viviendas, estacionamientos o industrias, el agua pierde ese espacio natural donde acumularse y termina ocasionando desastres. Lo mismo ocurre con bosques nativos, quebradas, vegas altoandinas y suelos agrícolas con buena infiltración. Chile posee uno de los mayores patrimonios naturales del planeta. No obstante, muchas veces las decisiones públicas continúan privilegiando beneficios económicos de corto plazo sobre la conservación de ecosistemas estratégicos.

El desafío consiste en equilibrar crecimiento y protección ambiental, entendiendo que el capital natural también genera desarrollo, seguridad y calidad de vida.

Aunque se avance hacia energías renovables, no impedirá que el país siga enfrentando los efectos del cambio climático global. Por esa razón las políticas públicas deben incorporar la adaptación climática como prioridad nacional. No es elegir entre desarrollo económico o protección ambiental. El verdadero desafío consiste en comprender que un país que destruye sus ecosistemas termina debilitando su propia economía.

Chile probablemente no podrá modificar por sí solo el rumbo del calentamiento global, pero sí puede decidir cómo enfrentar sus consecuencias, porque proteger humedales, bosques, glaciares y cuencas hidrográficas no significa frenar el desarrollo. Significa construir un modelo donde la biodiversidad, la seguridad de las personas junto con  el crecimiento económico dejen de competir y avancen en la misma dirección.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *