¿Qué significa un IPC del -0,2%?

Este jueves el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que diciembre de 2025, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) anotó una variación mensual de -0,2%, acumulando 3,5% en el año, su nivel más bajo en cinco años, y 3,5% a doce meses.

En el detalle de los precios, destacaron a la baja los tickets aéreos internacionales, que consignaron una baja mensual de 15,9%. Y en contraparte, el transporte aéreo nacional subió aumentó 18,8%.

Los tomates también bajaron de precio (12,4%); y los alimentos adquiridos en restoranes, cafeterías y similares subieron 0,8%.

Pero qué significa en el día a día que el IPC de diciembre sea del 0,2% y que en 12 meses del 3,5%.

El IPC de 0,2% registrado en diciembre puede parecer una cifra pequeña, pero para muchas familias que viven con dificultades económicas sigue siendo relevante. En la práctica, significa que los precios continúan subiendo, aunque a un ritmo más lento, y eso se siente especialmente en los gastos básicos que no se pueden postergar, como la comida, el transporte, la luz o el gas.

Para quienes llegan con lo justo a fin de mes, incluso un alza leve implica ajustar el presupuesto: comprar menos, cambiar marcas o postergar pagos. Aunque no se trate de un aumento fuerte, el problema es que los ingresos muchas veces no suben al mismo ritmo, por lo que el impacto se acumula y golpea con más fuerza a los hogares más vulnerables.

Un IPC negativo del -0,2% técnicamente significa deflación, de acuerdo a la definición. Es decir, una caída generalizada de precios, lo que a primera vista parece bueno porque el dinero vale más y el costo de vida baja. Sin embargo, para la gente puede ser una señal de baja demanda, obligando a empresas a reducir producción, inversión y empleos, y puede aumentar la carga de la deuda, afectando el bolsillo, especialmente si bajan los precios de productos esenciales. 

 

El IPC de 0,2% registrado en diciembre puede parecer una cifra pequeña, pero para muchas familias que viven con dificultades económicas sigue siendo relevante. En la práctica, significa que los precios continúan subiendo, aunque a un ritmo más lento, y eso se siente especialmente en los gastos básicos que no se pueden postergar, como la comida, el transporte, la luz o el gas.

Para quienes llegan con lo justo a fin de mes, incluso un alza leve implica ajustar el presupuesto: comprar menos, cambiar marcas o postergar pagos. Aunque no se trate de un aumento fuerte, el problema es que los ingresos muchas veces no suben al mismo ritmo, por lo que el impacto se acumula y golpea con más fuerza a los hogares más vulnerables.

Este IPC también muestra que la inflación no se ha detenido, solo avanza más despacio. Por eso, en el día a día no se traduce necesariamente en alivio inmediato, sino más bien en una sensación de estabilidad frágil, donde cualquier alza adicional puede volver a desordenar la economía familiar.

En resumen, el 0,2% de diciembre no empeora bruscamente la situación, pero tampoco la soluciona: para muchas personas sigue siendo un escenario de esfuerzo constante para llegar a fin de mes.

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