Deutsche Welle
Rozando los 40 grados centígrados, varios países de América Latina despiden con una ola de calor el 2025, que se inició con la vuelta de Donal Trump a la presidencia de Estados Unidos. Este hecho ha marcado las políticas ambientales mundiales del año.
“El mundo ha pasado de ser globalizado a polarizado, de integración comercial a comercialmente enfrentado y donde la extrema derecha negacionista del cambio climático, anti objetivos de desarrollo sostenible viene creciendo en todas las regiones”, lamenta en declaraciones a DW Manuel Pulgar Vidal, líder de la Práctica Global de Clima y Energía de WWF Internacional.

Para Francisco Rilla, consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), “los países de América Latina y el Caribe han sido arquitectos activos del multilateralismo ambiental”.
Y es que, a pesar de este panorama, “en un año con tantas incertidumbres y retrocesos ha ocurrido uno de los más importantes avances y demostraciones de multilateralismo”, dice a DW Maximiliano Bello, experto en política oceánica de la Fundación Blue Marine.
Así, se logró el número necesario de ratificaciones de países para la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, “un acuerdo clave para poder avanzar en la fuente de la vida que es el océano”, comenta Bello, subrayando los esfuerzos de Chile, que se ha postulado para ser sede del Tratado, en la conservación de los océanos con “la protección dentro de la zona económica exclusiva, superando el 50 por ciento de protección, a través de la soñada expansión de la protección en el archipiélago de Juan Fernández y Desventuras”.

Además de Chile, Colombia también ha brillado en la agenda ambiental internacional albergando la celebración mundial del día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, el pasado mes de junio, y el día Mundial de las Ciudades, el pasado octubre.
Recalca, en entrevista con DW, Paula Caballero, directora ejecutiva de América Latina de The Nature Conservancy (TNC) que:
“En la COP30 se establecieron algunos acuerdos que, si se concretan, nos permitirán tener unas hojas de ruta claras para avanzar protegiendo la naturaleza. Se promovieron estándares globales para cadenas de valor responsables, vinculando la conservación con oportunidades económicas inclusivas, entre ellas temas como la sociobioeconomía y la trazabilidad”.
Aunque también se esperaba que la cumbre terminara con la creación de un mecanismo para una salida rápida y ordenada de los combustibles fósiles, “fue muy evidente la elevada influencia que terminaron ejercieron los intereses de la industria fósil sobre los contenidos de las decisiones que finalmente fueron adoptadas”, lamenta en declaraciones a DW Alejandro Alemán, coordinador de la red de organizaciones de la sociedad civil latinoamericana CANLA.

