Es cierto que Chile enfrenta un escenario internacional complejo. Pero gobernar también significa responder ante las dificultades y no convertir cada problema externo en una explicación permanente.
aki web news (A.W.N)
Hay momentos en que las cifras dejan de ser estadísticas y se convierten en un golpe a la realidad. Agosto cerró con una noticia más que preocupante. El desempleo de 9,5% en el último trimestre, mientras Chile se encamina a un crecimiento que, con suerte, llegará al 1,7% este 2026.
La gran recuperación económica, el aumento de la inversión y los nuevos empleos prometidos por el Gobierno siguen sin aparecer con la fuerza anunciada.
Y comenzando septiembre se suma un nuevo aumento del combustible. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anticipó una segunda y eventualmente una tercera alza del diésel, que podría superar los $200. La explicación está en el escenario internacional y las guerras, pero el ciudadano no paga la geopolítica con discursos. La paga cuando llena el estanque, compra alimentos o recibe una cuenta de transporte. El diésel mueve buena parte de la economía y cualquier aumento termina trasladándose a los precios.
El problema es la combinación. Poco crecimiento, alto desempleo, informalidad y mayores costos para las familias, eso significa menos margen, menor consumo y más dificultades para vivir.
Y para las Pymes el escenario puede ser todavía más duro. Para comerciantes, transportistas, agricultores, entre otros, una nueva escalada del precio del diésel significa mayores costos para trasladar mercaderías, abastecer negocios y prestar servicios. Si esos costos no pueden absorberse, terminarán traspasándose a los consumidores. Si se absorben, disminuirán los márgenes de empresas que ya trabajan con poco espacio financiero. En ambos casos, el resultado puede ser menor consumo, menor inversión y más dificultades para contratar.
Es cierto que Chile enfrenta un escenario internacional complejo. Pero gobernar también significa responder ante las dificultades y no convertir cada problema externo en una explicación permanente. Después de varios meses, los resultados todavía están lejos de las expectativas que acompañaron la llegada de este Gobierno.
Y mientras tanto, la oposición parece mirar desde la galería. Los que entregaron el poder a las actuales autoridades siguen más débiles y divididos. Con septiembre, donde ya comenzó a celebrarse el mes de la patria, el Gobierno tiene la tranquilidad política que necesita para administrar el relato. Pero no puede sortear eternamente las cifras.
Chile ahora necesita inversión, crecimiento y empleos reales. Porque cuando la economía no despega, el discurso deja de alcanzar.

