Reparar es más caro que prevenir

aki web news (A.W.N.)

El Niño ha sido inclemente, implacable este año.  Y se anuncian nuevas tormentas en lo resta de agosto. Cada frente de mal tiempo arremete con más fuerza y más agua. Más inundaciones. El clima en la actualidad ya dejó de ser predecible para transformarse en una crisis que altera las distintas regiones.

Por ello, para los especialistas, prevencionistas de riesgo, resulta incomprensible que, contando con modernas herramientas tecnológicas de alta precisión, anunciado incluso con una semana previa en televisión, las autoridades sigan reaccionando tarde.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿por qué seguimos actuando cuando la emergencia ya comenzó?

Esa información debería traducirse en acciones: trasladar oportunamente alimentos, medicamentos y forraje, preparar albergues, despejar caminos y apoyar a pequeños agricultores y ganaderos antes del aislamiento. Prever no significa adivinar el futuro; significa utilizar la información disponible para reducir sus consecuencias.

De todas formas, es el tema perfecto para copar las pantallas de los matinales y desviar la atención de otros problemas, como la economía familiar que sigue apretando.  También sirve para atravesar el saludo con decenas de damnificados  y perder la noción del tiempo entre los hombres y mujeres que empujan los minutos en TV abierta con relatos acuchillados por la desgracia, con rostros, sustituibles, tal vez diferenciados en secreto solo por matices y anécdotas de la desgracia.

Desde el año pasado se sabía que este invierno iba a ser distinto.  Llueve con intensidad en pleno desierto del norte, mientras que en la zona central el agua anega poblaciones enteras.

El Cajón del Maipo, las localidades cercanas al río Maipo y los sectores ubicados junto a quebradas y cursos de agua enfrentan riesgos que aumentan cuando cambia la isoterma, cuando las precipitaciones se concentran en poco tiempo o coinciden con deshielos y acumulación de agua en la cordillera. La bajada del río Maipo, sus afluentes y quebradas puede convertirse rápidamente en una amenaza para caminos, viviendas, infraestructura y actividades productivas. Por eso, la prevención no debería comenzar cuando el agua ya está entrando a las casas.

Ante este escenario, la adaptación climática debe convertirse urgentemente en una política de Estado descentralizada que priorice la protección de los ecosistemas locales, como bosques y humedales, los cuales actúan como mitigadores naturales frente a aluviones e inundaciones.

Expertos advierten que el país sigue planificando ciudades, infraestructura y territorios bajo un paradigma climático que ya cambió.

Mientras un nuevo sistema frontal afecta gran parte del país, Greenpeace informó que Chile ha destinado más de US$1.000 millones a enfrentar algunos de los principales desastres asociados a precipitaciones extremas de la última década y llamó a dejar de concentrar los esfuerzos únicamente en reconstruir después de cada emergencia. 

Según datos recabados por la organización, solo las inundaciones de junio de 2023 tuvieron un costo fiscal de US$536 millones, los aluviones en Atacama y Antofagasta en 2015, más de US$500 millones. Reparar los socavones de Viña del Mar el 2025 superaban los $32.000 millones y además hay que sumar los nuevos recursos extraordinarios que comenzaron a activarse en los últimos días para enfrentar el más reciente sistema frontal.

IMAGEN / DW

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