aki web news (A.W.N.) / MOTORES Y TUERCAS
El mercado de los combustibles en Chile atraviesa una de las mayores transformaciones de su historia. Durante más de un siglo, la gasolina y el diésel dominaron el transporte de personas y mercancías, sustentando el crecimiento económico y el desarrollo productivo. Sin embargo, el avance de la electromovilidad, las nuevas exigencias ambientales y la búsqueda de una mayor independencia energética están modificando rápidamente este escenario. En la actualidad, el país enfrenta el desafío de definir qué combinación de tecnologías será la protagonista de la movilidad en los próximos diez años.
La gasolina continuará siendo el combustible predominante en los vehículos particulares durante buena parte de la década, principalmente por el tamaño del parque automotor existente y la amplia infraestructura de abastecimiento. El diésel, por su parte, seguirá siendo esencial para el transporte de carga, la minería, la agricultura y gran parte de la maquinaria pesada, sectores donde la electrificación aún presenta importantes limitaciones técnicas y económicas. No obstante, ambos combustibles enfrentarán una presión creciente por reducir sus emisiones y mejorar su eficiencia.
En este contexto, los vehículos híbridos aparecen como la alternativa de transición más realista para Chile. Al combinar un motor de combustión con uno eléctrico, ofrecen un menor consumo de combustible y una reducción significativa de emisiones sin depender completamente de una red de carga. Paralelamente, los vehículos eléctricos aumentan año tras año su participación en el mercado gracias a la disminución de los costos de las baterías, una mayor autonomía y la expansión de la infraestructura de carga. Chile posee una ventaja estratégica al ser uno de los principales productores mundiales de litio, mineral clave para la fabricación de baterías, lo que fortalece su posición dentro de la cadena global de la electromovilidad.
Más a largo plazo, el hidrógeno verde podría convertirse en uno de los mayores activos energéticos del país. Gracias a su extraordinario potencial para generar energías renovables mediante el sol y el viento, Chile tiene condiciones únicas para producir hidrógeno a costos competitivos y abastecer tanto al mercado interno como a la exportación. Aunque su aplicación masiva en automóviles particulares aún parece lejana debido a los elevados costos y a la escasa infraestructura disponible, esta tecnología podría desempeñar un papel fundamental en el transporte pesado, la industria, la minería y la navegación.
Todo indica que la próxima década no estará dominada por un único combustible, sino por una convivencia de tecnologías. La gasolina y el diésel perderán participación gradualmente, los híbridos consolidarán su presencia como solución intermedia y los vehículos eléctricos experimentarán el mayor crecimiento entre los automóviles particulares. Mientras tanto, el hidrógeno verde comenzará a consolidarse en aplicaciones industriales y de transporte de gran escala. Para Chile, el desafío no será solo adaptarse a esta transición, sino aprovechar sus ventajas naturales para convertirse en un referente mundial en energías limpias y movilidad sustentable.

