Mientras la capital estrena buses eléctricos y extensiones de Metro, comunas como Buin, Paine, Isla de Maipo y Talagante enfrentan una crisis de conectividad marcada por la incertidumbre, el abandono estatal y pasajes que devoran los sueldos.
Para miles de habitantes de las zonas sur y surponiente de la Región Metropolitana, el día no comienza con el despertador, sino con el frío de una fila que parece no avanzar. Son las 5:45 de la mañana en el terminal de buses o en un paradero a oscuras en Buin, Paine o Isla de Maipo. La escena se repite idéntica de lunes a viernes: decenas de personas esperando una micro interurbana que nadie sabe con certeza a qué hora pasará. Los fines de semana se agudiza la difícil situación
El crecimiento demográfico de la periferia de Santiago no ha ido de la mano con su infraestructura. Quienes decidieron migrar a comunas rurales buscando tranquilidad, hoy pagan un alto costo en calidad de vida. Estudios recientes revelan que un vecino de Buin o Talagante destina hasta 5 horas diarias en traslados de ida y vuelta a sus puestos de trabajo o centros de estudio en el Gran Santiago. Al año, esto se traduce en casi 40 días atrapados sobre el asfalto.
La raíz del problema radica en un sistema de transporte desregulado y desintegrado del sistema RED (ex Transantiago). Empresas operadoras como Transber, Bupesa o Islaval manejan recorridos rurales en condiciones que los usuarios catalogan como “abusivas”.
“Los fines de semana quedamos prácticamente aislados. Si las empresas deciden suspender recorridos a mitad de la tarde porque no les es rentable, simplemente lo hacen. Te avisan en el terminal: ‘Pasajeros, mañana no hay micros’ y tienes que ver cómo te salvas”, relata indignada una vecina de Paine.
A la baja frecuencia y el mal estado de las máquinas se suma el factor económico. Al no existir integración tarifaria, las personas deben costear pasajes interurbanos que en muchos casos superan los $2.000 por tramo, para luego pagar el metro o micro en Santiago. Dirigentes sociales de la Provincia de Talagante alertan que el gasto mensual en movilización puede superar fácilmente los $100.000 por persona, un golpe demoledor para el presupuesto familiar.
Los afectados sostienen que la situación se ha vuelto habitual y acusan que la única empresa que opera en algunos recorridos suspende servicios por decisión propia.
En localidades como Rangue, Pintué y Aculeo, usuarios afirman que reciben mensajes de whatsApp pocas horas antes informando que las micros no circularán al día siguiente, quedando completamente aislados.
Desde la Municipalidad de Paine manifestaron preocupación y reiteraron la necesidad de avanzar hacia un sistema licitado o extender la Red Metropolitana hasta la comuna, mientras que concejales cuestionaron la falta de fiscalización y solicitaron revisar el actual perímetro de exclusión para permitir el ingreso de nuevos operadores.
Como medida temporal, el municipio implementó buses eléctricos financiados con recursos regionales, aunque estos solo funcionan de lunes a viernes.
En tanto, el propietario de Buses Paine reconoció las dificultades económicas que enfrenta la empresa y aseguró que la reducción de servicios responde al déficit financiero que arrastra desde hace años.
La molestia colectiva también apunta a las autoridades políticas. Aunque desde hace años se viene anunciando la implementación del “Perímetro de Exclusión” —un mecanismo que busca regular las tarifas por polinomio, exigir tecnología GPS para saber cuándo viene el bus y fiscalizar los planes operacionales—, los retrasos y postergaciones en provincias como Talagante y Melipilla han sembrado profunda frustración.
Municipios como el de Buin han salido públicamente a responsabilizar al Ministerio de Transportes, exigiendo de manera urgente que se inyecten subsidios reales o se extienda formalmente la cobertura de la RED Metropolitana hacia estas localidades. La demanda es transversal: los vecinos del sur no exigen un servicio de lujo, exigen un transporte digno.
Mientras las soluciones duermen en comisiones legislativas o negociaciones a contrarreloj, la brecha de accesibilidad se agranda. Para Buin, Paine, Isla de Maipo y Talagante, el progreso de la capital sigue viéndose de lejos, a través de la ventana de una micro congestionada.

