Explican los expertos que uno de los puntos claves será la evolución de las precipitaciones en la Alta Cordillera, durante el invierno y primavera de 2026.
JULIO CESAR MARTINEZ / COLABORADOR
A propósito de la mini lluvia ocurrida a mitad de semana, el jueves del 11 de junio, en los espacios dedicados al pronóstico del tiempo y análisis de los fenómenos del clima en la televisión, centraron su mirada a la llegada del Fenómeno de El Niño.
Ese mismo día la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosferica (NOAA, por sus siglas en inglés), informó en forma oficial que el fenómeno de El Niño ya está presente y que “se espera que se fortalezca hasta el invierno del hemisferio norte 2026-2027″.
Indica la prensa internacional que durante los últimos meses, científicos han seguido con atención el calentamiento del océano Pacífico tropical, una señal que apunta al desarrollo de un nuevo episodio de El Niño, fenómeno climático que puede modificar los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica en distintas partes del planeta.

En Chile, algunos especialistas y medios han denominado este posible evento como “Niño Godzilla”, debido a la posibilidad de que alcance una intensidad comparable a algunos de los episodios más fuertes registrados.
El nombre no corresponde a una categoría científica oficial, sino a una forma de describir un evento que podría ser particularmente potente.
Los primeros efectos podrían comenzar a observarse durante el invierno y primavera de 2026, especialmente en la zona central del país. Esto significa que Chile podría enfrentar un escenario distinto al de los últimos años marcados por la sequía: más humedad, mayor frecuencia de sistemas frontales y la posibilidad de precipitaciones más abundantes en periodos cortos.
Las provincias de Cordillera, Maipo, Talagante y Melipilla podrían ser zonas especialmente sensibles, porque combinan actividad agrícola, áreas rurales, ríos y quebradas, además de una fuerte dependencia del agua para producción.

En comunas agrícolas del valle del Maipo y Melipilla, un invierno más lluvioso podría significar una oportunidad para recuperar parte de la humedad perdida en los suelos después de años de sequía y aportar al nivel de agua en la Laguna de Aculeo.
Sin embargo, también aparecen nuevos desafíos. Productores de frutas, hortalizas y viñas podrían enfrentar un escenario de mayor humedad ambiental. Esto puede ayudar a recuperar reservas, pero aumenta el riesgo de enfermedades en plantas
El aumento de lluvias puede mejorar los caudales de ríos como el Maipo y favorecer la acumulación de agua para temporadas posteriores. Pero si las precipitaciones llegan de manera muy concentrada, existe riesgo de crecidas rápidas, especialmente en sectores cercanos a cauces naturales y quebradas.
Explican los expertos que uno de los puntos clave será la evolución de las precipitaciones en la alta cordillera. Una buena acumulación de nieve puede ser fundamental para asegurar agua durante la primavera y el verano.

