Cuando la camaradería empieza a eclipsar el compromiso con la misión, la agenda de reuniones se llena más con eventos sociales que con la planificación de proyectos de impacto y las discusiones se centran más en asuntos que en la efectividad de sus acciones.
PEDRO ZAMORANO PIÑATS / SECRETARIO GENERAL / CAMARA DE COMERCIO SAN BERNARDO /
Las organizaciones de servicio a la comunidad nacen con un propósito noble: mejorar la vida de las personas, abordar necesidades apremiantes y construir un futuro mejor para todos. Sin embargo, existe una transformación silenciosa y preocupante que puede afectarlas: la deriva gradual hacia un simple club social, donde el propósito original de servicio se diluye en actividades centradas en la confraternidad interna, el ocio y el beneficio de sus propios miembros, por encima de las necesidades de la comunidad a la que juraron servir.
Esta metamorfosis no suele ser intencional ni abrupta. Más bien, es el resultado de una serie de pequeños desvíos y prioridades mal calibradas. Comienza cuando la camaradería, una característica invaluable en cualquier grupo humano, empieza a eclipsar el compromiso con la misión. La agenda de reuniones se llena más con eventos sociales que con la planificación de proyectos de impacto. Las discusiones se centran más en asuntos internos –membresías, cuotas, entretenimiento– que en la identificación de problemas comunitarios o la evaluación de la efectividad de sus acciones.
El peligro de esta transformación es múltiple:
Pérdida de propósito y relevancia: Una organización que deja de enfocarse en el servicio activo pierde su razón de ser. Con el tiempo, se vuelve irrelevante para la comunidad que supuestamente atiende, y su impacto se reduce a cero.
Desmotivación de los miembros comprometidos: Aquellos miembros que se unieron por un genuino deseo de servir se frustran al ver que la organización se desvía de su camino. Esto puede llevar a la apatía, la inactividad y, eventualmente, a la deserción de los más entusiastas y proactivos.
Deterioro de la imagen pública: La comunidad percibe rápidamente cuando una organización de servicio se convierte en un club exclusivo. La credibilidad se erosiona, la capacidad de atraer nuevos miembros o fondos disminuye, y el legado de trabajo arduo de generaciones anteriores se ve comprometido.
Recursos desaprovechados: Los fondos, el tiempo y las habilidades de los miembros, que podrían estar generando un cambio significativo, se destinan a actividades que, si bien pueden ser agradables, no contribuyen directamente a la misión de servicio.
Para evitar esta preocupante deriva, las organizaciones de servicio deben mantener una vigilancia constante y una autoevaluación honesta. Esto implica:
Reafirmar constantemente la misión: Recordar a los miembros, de forma regular, el propósito central de la organización y por qué fue fundada.
Priorizar los proyectos de servicio: Asegurarse de que la mayoría del tiempo, los recursos y la energía se dediquen a iniciativas que impacten positivamente a la comunidad.
Medir el impacto: Evaluar periódicamente la efectividad de los proyectos y no solo la cantidad de eventos realizados. ¿Estamos realmente marcando una diferencia?
Fomentar una cultura de servicio activo: Promover la participación de todos los miembros en proyectos, no solo en reuniones sociales.
Mantener un equilibrio: Reconocer la importancia de la camaradería para la cohesión del grupo, pero siempre subordinándola al objetivo principal de servicio.
En definitiva, la distinción entre una organización de servicio y un club social radica en la orientación de su mirada. La primera mira hacia afuera, hacia las necesidades de la comunidad; la segunda tiende a mirar hacia adentro, hacia el disfrute de sus propios miembros. Mantener esa mirada hacia afuera, con un compromiso inquebrantable con la acción y el impacto, es fundamental para que una organización de servicio no solo sobreviva, sino que florezca y cumpla verdaderamente su noble propósito.

