Arbolado urbano y alergias: La importancia de elegir especies que reduzcan la presencia de polen

La selección de árboles para calles y áreas verdes puede contribuir a disminuir la concentración de polen en suspensión durante la primavera. Un académico plantea avanzar hacia especies nativas adaptadas al territorio.

aki web news / a.w.n.

Esta semana se despidió el invierno del hemisferio sur. Aunque en redes sociales las flores amarillas suelen asociarse al inicio de la nueva estación, este 2026 la primavera astronómica comenzó oficialmente en Chile el martes 22 de septiembre, a las 21:05 horas.

La fecha corresponde al equinoccio de primavera, fenómeno que marca el momento en que el Sol cruza el ecuador celeste y comienza oficialmente cambian las estaciones en todo el planeta. El astrónomo y académico José Maza explica que este fenómeno ocurre cuando la trayectoria aparente del Sol cruza el ecuador celeste, algo que sucede dos veces durante el año: alrededor de marzo y septiembre.

Comenzamos entonces un periodo donde florece la vegetación y comienza para algunos varias molestias de tipo respiratorio. La planificación del arbolado urbano puede desempeñar un papel relevante en la prevención y disminución de los efectos asociados a las alergias durante la primavera. La selección de las especies que se incorporan a calles, plazas y áreas verdes resulta especialmente importante en esta época del año, cuando aumenta la concentración de polen en el ambiente y, con ello, los síntomas en las personas sensibles.

Este fenómeno se relaciona directamente con la polinización, proceso mediante el cual el polen es transferido desde el estambre —órgano floral masculino— hasta el estigma —órgano floral femenino—, permitiendo la fecundación de los óvulos de la flor. Si bien la primavera trae consigo temperaturas más cálidas, mayor luminosidad y el reverdecimiento de prados y áreas verdes, también corresponde al lapso en que numerosas especies comienzan o intensifican su actividad reproductiva.

Para el biólogo Cristian Atala, académico del Instituto de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), uno de los factores que explica la presencia de polen en suspensión es la utilización de especies que dependen del viento para su reproducción, algunas de las cuales fueron incorporadas masivamente al paisaje urbano.

“Las alergias se producen principalmente porque hay especies de plantas que se polinizan por el viento, como los álamos y plátanos orientales. El viento es el vector que mueve el polen de un lugar a otro y estas especies producen una cantidad mucho mayor porque gran parte queda suspendida en el aire sin llegar a su destino”.

Atala aclaró que el problema no radica necesariamente en que el polen de estas especies posea propiedades más alergénicas, sino en la cantidad que liberan y en la forma en que se dispersa. A diferencia de las plantas cuya polinización depende de insectos, aquellas que utilizan el viento necesitan producir grandes volúmenes de polen para asegurar que una parte llegue hasta las flores femeninas.

En este contexto, la composición del arbolado urbano adquiere especial relevancia. La presencia extendida de determinadas especies puede contribuir a incrementar la cantidad de polen en suspensión durante los periodos de polinización, por lo que la planificación de nuevas áreas verdes y la renovación de ejemplares existentes constituyen oportunidades para incorporar criterios vinculados tanto con la salud de la población como con las condiciones ambientales de cada territorio.

Por esta razón, el académico plantea avanzar progresivamente hacia un arbolado compuesto por especies nativas, considerando sus características reproductivas, adaptación climática y aporte a los ecosistemas locales.

“Una forma de reducir la afectación del polen corresponde al recambio de especies ornamentales introducidas, como el plátano oriental, por árboles nativos. Estos últimos están adaptados a las condiciones climáticas locales y no requieren tanto cuidado ni mantención. La mayoría de los árboles nativos son polinizados por insectos, por lo que no producen polen en los volúmenes que generan alergias. Avanzar hacia este reemplazo permitiría, además, reconstruir la trama de aves, insectos y la biodiversidad que acompaña a dicha vegetación”.

Entre las alternativas que ya forman parte del arbolado urbano se encuentran el quebracho, el maitén, el peumo, el quillay, el pimiento boliviano y el molle. Estas especies son adecuadas para la zona central del país y, además de presentar características favorables para su incorporación en espacios urbanos, entregan servicios ecosistémicos como sombra y contribuyen a fortalecer la biodiversidad.

La elección de especies, por tanto, puede transformarse en una herramienta de planificación urbana de largo plazo. Más allá de responder a los requerimientos ornamentales de calles y espacios públicos, la incorporación de árboles adaptados al territorio permite considerar factores como disponibilidad hídrica, requerimientos de mantención, biodiversidad y potencial impacto sobre la salud de las personas.

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