Combustibles al alza y un nuevo desafío que golpea los bolsillos

La Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) confirmó la tarde de este miércoles que la bencinas de 93 y 97 octanos tendrán un aumento de $34,8 por litro, mientras que el diésel tendrá un alza de $97,4 a partir de este jueves 20 de agosto.

La empresa también informó que el gas licuado vehicular (GLP) disminuirá en $16,8 por litro, mientras que el kerosene (parafina) mantendrá su valor.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ya había adelantado este aumento señalando que “tiene que haber un alza, porque la verdad es que los precios han seguido subiendo afuera, tenemos una guerra y vamos a ir subiendo”.

El incremento responde principalmente a las presiones internacionales derivadas de la situación bélica en Medio Oriente y su efecto sobre los mercados energéticos.

Por ello, Chile enfrenta ahora un escenario económico más complejo aún, marcado por dos noticias conocidas esta semana que tendrán un impacto directo en el bolsillo de las familias: esta nueva alza de los combustibles y un segundo trimestre con una contracción de 0,2% del Producto Interno Bruto (PIB).

El Banco Central informó que el PIB retrocedió 0,2% entre abril y junio, después de revisar el resultado del primer trimestre. La minería fue uno de los principales factores detrás de la caída, asociada a una menor extracción de cobre. También la pesca mostró un retroceso importante, mientras la construcción continuó debilitada. El informe agrega que en contraste, el comercio creció 2,5% y algunos servicios lograron aportar dinamismo.

Más allá de la discusión técnica sobre si Chile se encuentra formalmente en una “recesión técnica”, el dato que importa para las familias es: las proyecciones económicas, mientras aumentan algunos costos esenciales.

Un combustible más caro no afecta solamente a quienes utilizan automóvil. El diésel es fundamental para el transporte de carga, la distribución de alimentos, la agricultura, la industria y numerosas actividades productivas. Por ello, una nueva alza puede trasladarse progresivamente a los costos de transporte y, posteriormente, a los precios de productos y servicios. Para los hogares de menores ingresos, este efecto puede ser particularmente significativo, porque destinan una mayor proporción de su presupuesto a alimentación, transporte y servicios básicos.

El escenario también representa un desafío para las pequeñas y medianas empresas y para el comercio establecido. Un mayor costo de movilización, distribución y operación reduce los márgenes de quienes ya enfrentan una demanda más contenida. Si las empresas trasladan completamente el aumento de sus costos a los consumidores, podría producirse una presión adicional. Si absorben parte del incremento, podrían reducir sus márgenes, postergar inversiones o limitar nuevas contrataciones.

En ambos casos, el efecto sobre la economía puede terminar siendo negativo si el encarecimiento de los combustibles se prolonga durante los próximos meses.

El desafío para el segundo semestre será impulsar la inversión, el empleo y la productividad sin permitir que el aumento de los costos energéticos termine transformándose en una nueva presión sobre los presupuestos familiares.

La gerenta de Estudios de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), Bernardita Silva

consideró que “las expectativas de la segunda mitad del año apuntan a un escenario algo más favorable, pero el desafío no es menor. Para alcanzar un crecimiento en el rango de 1% y 1,75%, que es lo que proyecta el Banco Central, se requiere una aceleración relevante en la actividad”.

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