La discusión sobre el futuro del Parque ha dejado al descubierto un problema que trasciende a este proyecto en particular. El verdadero conflicto parece estar en otro lugar.

DOCTOR JUAN ZÚÑIGA PACHECO// FUNDADOR GRUPO AMIGOS DEL CERRO CHENA
La necesidad de áreas verdes y espacios públicos debe sustentarse en evidencia territorial, en estudios demográficos y en prioridades. Muchas veces no basta con la intención. Tampoco basta con querer un gran parque. Es indispensable al comienzo de cualquier proyecto dejar por escrito y bien claro cómo será utilizado, quién lo administrará, cómo se financiará durante las próximas décadas y esa mirada estadística no contradice la visión de largo plazo.
Esta podría ser una de las lecciones que deja el caso del Cerro Chena, que debería servir para todas las futuras inversiones públicas.
Sin embargo, la discusión sobre el futuro del Parque Cerro Chena ha dejado al descubierto un problema que trasciende a este proyecto en particular. No se trata únicamente de quién debe administrar el recinto o de qué institución debe financiar su funcionamiento.
El ministro de vivienda, Iván Poduje, anunció este jueves 9 de julio, luego de una reunión con diputados, alcaldes, consejeros, concejales de su molino político, que se buscaría una solución al mantenimiento del Parque después de entregadas las obras.
Entonces el verdadero conflicto del Cerro Chena parece estar en otro lugar. El proyecto fue impulsado políticamente, pero al momento de asegurar su operación permanente aparecen las diferencias. Resulta difícil comprender que quien impulsa una obra de esta magnitud pretenda posteriormente trasladar su costo de administración a otro organismo autónomo y funcionalmente descentralizado. En la práctica, el Gobierno Regional inaugura la infraestructura, pero otro servicio debe asumir los gastos permanentes de mantenerla abierta, segura y operativa.
Por eso, la exigencia de que quien impulsa una iniciativa también debe asegurar su financiamiento lo que no solo parece razonable, constituye un principio básico de responsabilidad pública. Ningún proyecto puede descansar sobre compromisos informales o expectativas futuras. Las responsabilidades administrativas deben quedar resueltas antes de cortar la cinta inaugural y no después, cuando aparecen los costos reales.
La infraestructura puede y debe anticiparse a las necesidades de la ciudadanía, pero esa visión solo se transforma en desarrollo cuando va acompañada de estudios, acuerdos institucionales sólidos y financiamiento garantizado. Sin esa combinación, incluso las mejores ideas corren el riesgo de convertirse en monumentos a las buenas intenciones.
Ahora, esperamos que en esta oportunidad, el Parque Metropolitano Sur Cerro Chena, cuya inversión supera los 40 mil millones de pesos, no se transforme en un “elefante blanco” o proyecto fantasma.

