Frente al Fenómeno del Niño, un pequeño huerto urbano puede marcar la diferencia

Los cambios climáticos, las alteraciones en las precipitaciones y altas temperaturas vuelven a poner en jaque a  la agricultura tradicional. Cómo asegurar el acceso a los alimentos.

En esta primavera, el Fenómeno del Niño ha sido implacable con las provincias de Maipo, Talagante y Melipilla, especialmente en la zona rural. Intensas lluvia, granizos y al día siguiente mucho calor. Varias cosechas sucumbieron al rigor, otras, como las papas en la comuna de Paine atrasaron su proceso. Los comerciantes de la feria dicen que “el zapallo está tan caro porque viene de Perú”

Además, con un escenario internacional incierto, los huertos urbanos surgen como una alternativa concreta para fortalecer la autonomía de las familias, aprovechar los recursos disponibles y construir comunidades más resilientes.

El posible desarrollo de un nuevo episodio del fenómeno de El Niño hacia fines de 2026 y comienzos de 2027 constituye una señal de alerta para los sistemas agrícolas y alimentarios.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la FAO han advertido sobre la necesidad de anticiparse a los efectos que estos fenómenos pueden generar en la producción de alimentos.

En este contexto, recuperar la cultura de cultivar nuestros propios alimentos adquiere una nueva dimensión. Una pequeña huerta doméstica puede transformarse en una herramienta de prevención y adaptación frente a posibles dificultades de abastecimiento o al encarecimiento de los productos básicos. No se necesitan grandes terrenos ni inversiones elevadas.

Para avanzar en esa dirección, los municipios, establecimientos educacionales, juntas de vecinos y organizaciones sociales tienen una oportunidad concreta de impulsar programas de huertos urbanos y comunitarios.

La entrega de semillas, los talleres de compostaje, la recuperación de terrenos disponibles y la capacitación en técnicas de riego eficiente pueden generar beneficios ambientales, educativos y económicos. En comunas como San Bernardo y otras localidades de la zona sur de la Región Metropolitana, estas iniciativas permitirían recuperar espacios, promover la colaboración entre vecinos y acercar a niños y jóvenes al conocimiento de los ciclos naturales y la producción de alimentos.

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