Fenómeno de El Niño: ONU hizo llamado a todo el mundo “para que se preparen”

 

La adaptación climática no es solamente un asunto ambiental: también es una política de seguridad alimentaria, desarrollo económico y protección social.

 

JULIO CÉSAR MARTÍNEZ / COLABORADOR / MEDIO AMBIENTE

El llamado de emergencia brotó este miércoles 21 de octubre en la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la coordinación humanitaria de Naciones Unidas. Dijeron que es una señal de alerta para los gobiernos y las comunidades. Según la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, el actual episodio de El Niño podría superar los registros de seguimiento utilizados durante las últimas cuatro décadas y alcanzar su punto máximo hacia fines de 2026. La advertencia no es menor: las consecuencias pueden extenderse durante meses, alterando los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta.

Y que en estos días de lluvias feroces y aplastantes acompañadas de estrepitosas tormentas tiene a una población con más de 150 casas desmoronándose por la ladera del río Maipo, que además anuncia nuevos eventos de similar dimensión para la última semana del mes.

De acuerdo con la información entregada por Naciones Unidas, las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical podrían situarse hasta 3,8 °C por encima de la media entre noviembre de 2026 y enero de 2027. El fenómeno podría agravar las sequías, provocar lluvias torrenciales e inundaciones y aumentar la inseguridad alimentaria de hasta 50 millones de personas. Aunque sus efectos varían según la zona geográfica, América Latina figura entre las regiones que deben prepararse para un escenario climático complejo.

Cuando el agua cae en grandes cantidades en periodos breves, una parte importante escurre hacia ríos y canales, provoca anegamientos y no alcanza a infiltrarse lo suficiente para recuperar las reservas subterráneas. Así lo advierte Fundación Chile, que plantea la necesidad de prepararse tanto para la escasez como para los excesos de agua.

Para comunas como San Bernardo, Buin, Paine, Talagante y Melipilla, el escenario también tiene una dimensión económica y social.

Las lluvias intensas pueden afectar cultivos, caminos rurales, transporte y abastecimiento, mientras que las altas temperaturas posteriores pueden incrementar la demanda de agua y energía. En el sector agrícola, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) ya ha advertido sobre los riesgos que las precipitaciones intensas, el viento y el granizo representan para la floración de frutales y berries.

El coordinador humanitario de Naciones Unidas, Tom Fletcher, advirtió que el fenómeno podría agravar la inseguridad alimentaria de 50 millones de personas. Frente a este escenario, anunció la destinación de 50 millones de dólares de emergencia para apoyar a 11 países vulnerables.

Para Chile, y particularmente para la Región Metropolitana, la planificación debe considerar, los efectos sobre el abastecimiento alimentario. Cuando las condiciones climáticas perjudican las cosechas o interrumpen las cadenas de distribución, los costos pueden trasladarse a los consumidores, golpeando especialmente a los hogares de menores ingresos y a las pequeñas empresas que ya enfrentan márgenes estrechos.

 

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