Una mirada desde las terapias complementarias a cierta estrategia de protección que suele aprenderse desde etapas tempranas para evitar el rechazo o cumplir expectativas externas.
M. Estrella Bahamonde Bañares / TSN y Terapias Complementarias / Acompañamiento terapéutico desde la regulación, la conciencia y el cuidado integral.
Adaptarse al entorno es una capacidad humana necesaria. Sin embargo, cuando una persona debe ocultar de forma constante lo que siente, piensa o necesita para encajar, esa adaptación puede transformarse en masking o camuflaje emocional y conductual.
El masking no es una enfermedad ni un trastorno. Es una estrategia de protección que suele aprenderse desde etapas tempranas para evitar el rechazo o cumplir expectativas externas. El problema aparece cuando se sostiene en el tiempo y genera una desconexión entre la experiencia interna y la expresión externa, afectando el bienestar emocional, corporal y energético.
¿Por qué el masking impacta la salud?
La evidencia científica ha demostrado que la supresión emocional crónica mantiene activado el sistema nervioso del estrés, elevando los niveles de cortisol y disminuyendo la capacidad de autorregulación emocional. Con el tiempo, este estado se asocia a fatiga persistente, ansiedad, somatización y agotamiento emocional.
Desde una mirada integrativa, el masking altera el equilibrio entre mente, emoción, cuerpo y energía vital, generando un desgaste progresivo que el cuerpo termina expresando a través de síntomas.

¿Cuándo es importante detectarlo?
No es necesario esperar una crisis para prestar atención. Reconocer el masking de forma temprana permite prevenir un desgaste profundo y la cronificación del malestar. Las señales iniciales suelen ser sutiles, pero persistentes, y muchas veces normalizadas en la vida cotidiana.
Señales de alerta de masking sostenido
Cansancio mental o físico persistente sin causa médica clara.
Sensación de estar actuando o desempeñando un rol en lo social.
Necesidad intensa de aislarse tras interactuar con otras personas.
Dificultad para identificar o expresar emociones propias.
Tensión corporal crónica (cuello, mandíbula, espalda, digestión).
Desconexión entre lo que se hace y lo que realmente se siente.
Culpa al priorizar necesidades personales.

¿Cómo ayudan las terapias complementarias?
Las terapias complementarias abordan el masking sin forzar la verbalización, priorizando la regulación del sistema nervioso y la reconexión cuerpo–emoción. Prácticas como la respiración consciente, el mindfulness, las terapias manuales suaves, la auriculoterapia y la reflexología contribuyen a disminuir el estrés fisiológico y a restaurar la coherencia interna.
El objetivo terapéutico no es quitar la máscara de forma abrupta, sino transformarla en una elección consciente, permitiendo que la persona recupere su capacidad de escucharse y expresarse desde un lugar seguro.
Reconocer el masking es un acto de prevención y autocuidado. Desde las terapias complementarias, este reconocimiento temprano permite acompañar procesos de mayor autenticidad, equilibrio y salud integral.

