La rama de la ética que trata de los deberes …

Se hacen los bobos y mienten, miran para el lado,  fingiendo lo más inesperado: el desinterés

 

OMSIMUT / aki web news

 

Nadie nace sabiendo. Por ello, creo oportuno comenzar por una cifra que no ha sido tomada al azar. Es muy sencilla y ser fácil para ser memorizada. Esta cifra es 93.000.

No crean que es una cábala, debo decir de inmediato que no lo es.

A continuación daré su significado y es el número que uno de los diccionarios de la Real Academia de la Lengua Española entrega como el límite de sus palabras.

¿Pero esto viene a cuenta de qué?

Que nadie tiene la obligación de saber lo que significa cada una de las palabras en uso correcto. Se me ha venido casi como un antojo escribir sobre una técnica derivada de la ética.

Y como saben, para vivir contento y feliz, lo mejor es satisfacer el antojo. En todo caso, de vez en cuando nos topamos con ciertas situaciones y acontecimientos que nos conmueven, aunque estos no tienen en todos o, a lo mejor es una mayoría, repercusión como tal.

Hay algunos acontecimientos que por producirse a diario y en forma repetida terminan por anular nuestra capacidad de asombrar. Ejemplo, ¿sabemos cuánto lleva la guerra entre Rusia y Ucrania?

¿Alguien tiene en cuenta de cuántos gazatíes han muerto desde que han sido bombardeados sin piedad?

¿Sabemos que los bombardeos desparraman bombas como la challa en un carnaval?

O bien, ¿Quién es perturbado por la escandalosa inoperancia de los que detentan el poder en el Estado y en otras diversas situaciones?

Es escandalosa esta inoperancia porque a veces los crímenes, en sicaratios y los desmanes de tantos dignatarios que se hacen los bobos y mienten, miran para el lado,  fingiendo lo más inesperado: el desinterés

En pocas palabras, estamos frente a un momento, sobre todo acá en Chile, en que no nos importa mucho el otro o que le pase algo a quien está muy distante y no conocíamos.

Pero, pasando al tema que nos ocupa, es hora de referirme a  la dichosa palabra que motiva estas líneas, porque también tiene relación. Ésta es Deontología, que como muchos vocablos son derivados del griego.

En efecto, al descomponer los elementos primarios de la palabra Deontología encontramos con lo siguiente:

Deon,   adecuado, correcto, apropiado.

Ontos, todo lo que es necesario.

Y logos, saber, sabiduría o palabra.

Entonces, ¿qué es la Deontología? Como diría el vocabulario de nuestros abuelos, ésta es una hierba verde que ya hace tiempo se la comieron los burros.

Pero quiénes hoy día debieran conocer este término y llevarlo por cierto, a la práctica con más rigor.

 

 

Los médicos, no digo doctores, porque en mi vida he conocido muchos médicos, pero ningún doctor en medicina.

A lo mejor los hay, pero por modestia siendo médicos no lo confirman, pero  se contentan con que solo le digan doctor.

Así existen los llamados juramentos, ya que tocaba lo de los médicos, ellos tienen el llamado el juramento de Hipócrates.

Y así cada profesión jura ser fiel a su título profesional.

A su vez,  hay un juramento para los profesores, para los abogados y así con otras profesiones.

En lo concreto, que sería la Deontología. Es una rama de la ética que se ocupa de los deberes en forma especial, los que se rigen en su actividad profesional o  ampliando un poco más estrechando un poco más el ámbito de cada profesión u oficio. En lo que se refiere al deber, cada profesional debiera ser fiel en cumplir con el prójimo y decir siempre la verdad.

También es el deber de reparar los efectos de sus acciones. Asimismo, tienen el deber de reparar los ilícitos, no herir a nadie, ser fiel a la justicia, practicar la honestidad y la probidad, la rectitud, e integridad. Y,  por cierto, la justicia debe primar por toda decisión.

Se habla de regular los deberes traduciéndolos en preceptos, normas y reglas de conducta. Por ello, termino recordando unas máximas, la primera es de un pensador Hindú.

 “No hay campo en flor, que no esté regado con algunas gotas de sudor”.

El otro dice que siempre “una palabra razonable que pueda calmar a aquel que la escucha, vale más que mil palabras sin sentido”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *