Investigación en los Andes chilenos descubre que deshielo glaciar aumenta frecuencia y explosividad de erupciones volcánicas

En la Región Metropolitana de Chile, existen tres volcanes activos: el Tupungatito, el San José y el Maipo. Además del volcán Marmolejo. Estos volcanes se encuentran en la alta cordillera, en la frontera con Argentina, y son monitoreados constantemente por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) debido a su potencial peligro. 

El dato es importante porque estos volcanes están situados geográficamente a la altura de Colina, el Tupungatito,  el San José a la altura de San Bernardo, y el Maipo a la altura de Hospital, en la comuna de Paine, provincia de Maipo. El volcán Marmolejo, que por el momento no está activo, se encuentra a la altura de Santiago. Casi todos, a una distancia aproximada de 80 kilómetros de los lugares habitados.

Pues bien, un reciente estudio presentado en la Conferencia Goldschmidt 2024 en Praga advierte que el deshielo acelerado de los glaciares podría estar preparando el terreno para erupciones volcánicas más explosivas y frecuentes en distintas partes del mundo. Esta investigación, centrada en seis volcanes de los Andes chilenos, arroja nueva luz sobre una interacción climática-geológica hasta ahora poco estudiada fuera de Islandia.

Aunque en Islandia se conoce desde los años 70 la conexión entre la retirada de glaciares y el aumento en la actividad volcánica, este estudio marca uno de los primeros esfuerzos en entender este fenómeno en sistemas volcánicos continentales. El hallazgo más relevante es que la retirada del hielo puede reducir la presión sobre las cámaras magmáticas, provocando una expansión de gases y erupciones más violentas.

Durante el máximo glacial hace unos 26.000–18.000 años, la gruesa capa de hielo sobre los volcanes de la Patagonia suprimió las erupciones. Esta presión permitió que el magma rico en sílice se acumulara a 10–15 km bajo la superficie. Cuando el hielo comenzó a derretirse, la pérdida de peso generó un relajamiento en la corteza y una rápida descompresión en la cámara magmática, lo que activó erupciones altamente explosivas.

Hoy, con el cambio climático acelerando el derretimiento de glaciares, muchas regiones del planeta enfrentan condiciones similares. Según los investigadores, esto no solo afecta a Islandia, sino también a zonas volcánicas en la Antártida, América del Norte, Nueva Zelanda y Rusia. Se estima que cientos de volcanes actualmente dormidos bajo hielo podrían activarse si continúa el deshielo a este ritmo.

Las erupciones volcánicas liberan aerosoles y gases de efecto invernadero. A corto plazo, los aerosoles reflejan la radiación solar y pueden enfriar temporalmente la Tierra. Sin embargo, una cadena de erupciones puede generar un efecto inverso, con la liberación sostenida de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases que contribuyen al calentamiento global. Este ciclo crea un bucle de retroalimentación positiva: el calentamiento derrite glaciares, lo que provoca erupciones, que a su vez liberan más gases, incrementando aún más el calentamiento.

Comprender la relación entre glaciares y actividad volcánica no solo mejora la predicción de erupciones, sino que también ayuda a diseñar estrategias climáticas más robustas. Estos estudios permiten:

Prevenir desastres naturales, al anticipar zonas de riesgo volcánico emergente.

Fortalecer sistemas de monitoreo ambiental en regiones remotas como la Antártida.Evaluar impactos climáticos de origen volcánico en modelos globales de cambio climático.

Impulsar políticas climáticas más informadas, considerando la influencia de procesos geológicos.

En un mundo donde las consecuencias del cambio climático se entrelazan cada vez más con los procesos naturales del planeta, integrar la geología volcánica en la planificación ambiental es esencial para lograr una sostenibilidad real y a largo plazo.

 

IMÁGENES  / SERNAGEOMIN / AGENCIAS

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