Humedales: los “riñones del planeta”

En Chile existen más de 40 mil humedales, que cubren una superficie de 4,5 millones de hectáreas, representando cerca del 5,9% del territorio nacional y se trata de ecosistemas que son considerados como  uno de los entornos más productivos del mundo por realizar funciones centrales para sostener la vida tal cual la conocemos.

Son fuente y reserva de agua dulce ya que la purifican. De hecho, se los puede pensar como los “riñones del planeta” porque cumplen la misma función de descontaminación que los órganos humanos con la sangre.

Se encargan de regular los niveles de agua de las cuencas, protegiéndonos de las inundaciones y en la costa son una barrera clave que amortigua el impacto de tsunamis y marejadas. Al mismo tiempo, ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías y las fuertes lluvias.

Por sus características ideales para la proliferación de la vida, también son cuna de diversidad biológica: 40% de las especies vegetales y animales viven o se reproducen en los humedales. 

Además son claves en la captura de dióxido de carbono que nos ayuda a enfrentar la crisis climática global. Almacenan el doble de CO2 que todos los bosques que existen.

Los humedales son ecosistemas de transición entre un ecosistema terrestre y uno acuático, que están temporal o permanentemente inundados, regulados por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan. Son ecosistemas complejos y llenos de vida, que se manifiestan a lo largo del territorio en las más diversas formas.

Son verdaderas cunas de diversidad biológica y una fuente de agua, alimento y recursos para innumerables especies vegetales, animales y otros organismos interdependientes que dependen de estos ecosistemas para subsistir.

Asimismo, son vitales para la supervivencia humana ya que recargan las napas subterráneas, purifican el agua, regulan los niveles de agua de las cuencas protegiéndonos de las inundaciones, y son una barrera clave que amortigua el impacto de tsunamis y marejadas. Además, son claves en la captura de dióxido de carbono, lo que es un factor clave en la lucha contra el cambio climático global.

En el contexto de estrés hídrico en el que vivimos, cualquier atentado y deterioro de un humedal, es atentar contra el agua. 

 

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