Chile debe prepararse para un verano que podría estar marcado por una mayor intensidad de los fenómenos climáticos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) acaba de elevar la alerta frente a la evolución de El Niño, anticipando que el fenómeno alcanzará una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026 y que sus efectos podrían prolongarse, al menos, hasta febrero de 2027. No se trata simplemente de un cambio en las temperaturas del océano Pacífico: El Niño altera los patrones atmosféricos y puede traducirse en modificaciones importantes de las temperaturas y las precipitaciones.
Para Chile, la advertencia debe tomarse con especial atención. Un El Niño intenso puede favorecer condiciones meteorológicas anómalas, aumentando el riesgo de episodios de calor extremo, lluvias fuera de temporada y eventos de precipitaciones intensas, aunque sus efectos no son iguales en todo el territorio ni existe una relación automática entre la intensidad del fenómeno y la magnitud de sus consecuencias en cada país. La experiencia demuestra, sin embargo, que estos episodios pueden alterar actividades tan sensibles como la agricultura, la disponibilidad de agua, la generación energética y la pesca.
El problema es que este El Niño llega a un planeta que ya está más caliente. El calentamiento global está elevando las temperaturas de base y puede amplificar los efectos de fenómenos naturales como éste. Por eso, el riesgo no está solamente en enfrentar un verano más caluroso, sino en una mayor frecuencia o intensidad de situaciones extremas: olas de calor, incendios, precipitaciones concentradas, inundaciones y problemas para los sistemas de agua y energía. La combinación de un océano Pacífico excepcionalmente cálido con una atmósfera también más cálida convierte el escenario 2026-2027 en una señal que Chile no debería minimizar.
Chile no puede esperar a que llegue el verano para reaccionar. Municipios, autoridades, agricultores, empresas y comunidades necesitan anticiparse, reforzando sistemas de alerta, infraestructura de evacuación y drenaje, disponibilidad de agua y medidas frente al calor extremo. El Niño no puede evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse cuando existe prevención. Después de años de incendios, sequías, lluvias intensas y emergencias climáticas, la verdadera pregunta ya no es si el clima va a cambiar, sino si el país estará preparado cuando vuelva a hacerlo con mayor fuerza.

