Rosas: belleza que sana, con poder terapéutico que florece en una taza

Los pétalos contienen vitaminas A, B, C, E y K, nutrientes clave para la regeneración celular y la elasticidad cutánea. No es casualidad que la rosa sea ingrediente habitual en cremas antiedad y tónicos faciales.

 

ESTRELLA BAHAMONDE B. /  PLANTAS MEDICINALES / TSN y TERAPIAS COMPLEMENTARIAS /

 

Durante siglos, las rosas han sido símbolo de amor, elegancia y espiritualidad. Sin embargo, más allá de su indiscutible valor ornamental, esta flor encierra un potencial terapéutico que hoy vuelve a captar la atención de la medicina natural y la cosmética. Diversos estudios, incluyendo referencias de los National Institutes of Health, destacan que los pétalos y frutos de la rosa contienen compuestos antioxidantes, antiinflamatorios y antisépticos que aportan múltiples beneficios a la salud.

Uno de los usos más conocidos es el agua de rosas, empleada tanto en rutinas de belleza como en tratamientos dermatológicos naturales. Sus extractos actúan como hidratantes y calmantes, ayudando a reducir irritaciones y enrojecimientos. Gracias a su riqueza en antioxidantes, contribuye a combatir los radicales libres —responsables del envejecimiento prematuro— y a proteger la piel frente a la exposición a rayos UV. Los pétalos contienen vitaminas A, B, C, E y K, nutrientes clave para la regeneración celular y la elasticidad cutánea. No es casualidad que la rosa sea ingrediente habitual en cremas antiedad y tónicos faciales.

El poder de las rosas no se limita a lo físico. Su fragancia, utilizada en aromaterapia, tiene efectos directos sobre el sistema límbico, el área del cerebro vinculada a las emociones. El aroma floral ayuda a disminuir el estrés, reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo. También se asocia con la disminución del insomnio, favoreciendo un descanso más profundo y reparador. En tiempos marcados por el ritmo acelerado y la sobrecarga mental, pequeños rituales como inhalar aceite esencial de rosa o disfrutar de una infusión caliente pueden convertirse en pausas restauradoras.

El té de pétalos de rosa es otra preparación tradicional que gana adeptos. Sus propiedades digestivas ayudan a aliviar la hinchazón abdominal y favorecen un tránsito intestinal más equilibrado, actuando como un laxante natural suave. Además, sus efectos antiinflamatorios pueden contribuir a disminuir molestias gastrointestinales. En el ámbito femenino, la infusión también se ha utilizado para aliviar cólicos menstruales, gracias a su capacidad para relajar el organismo y reducir la inflamación.

La rosa ha sido parte de la medicina tradicional en distintas culturas. Se le reconocen propiedades:

Antiinflamatorias, que ayudan a aliviar dolores musculares y corporales.

Antisépticas, útiles en la limpieza y cicatrización de heridas menores.

Oculares, mediante compresas de té de rosa para ojos cansados o irritados.

Respiratorias, siendo tradicionalmente empleada para aliviar dolores de garganta.

El fruto de la rosa, conocido como escaramujo, destaca especialmente por su alto contenido de vitamina C, lo que fortalece el sistema inmunológico y aporta un refuerzo antioxidante significativo.

Especialistas recomiendan utilizar pétalos frescos o secos que no hayan sido tratados con pesticidas ni productos químicos. Para consumo interno, lo ideal es recurrir a productos certificados o de origen confiable. En un mundo donde lo natural vuelve a ocupar un lugar protagónico, la rosa emerge no solo como emblema de belleza, sino como una aliada integral del bienestar. A veces, la salud también florece en lo más delicado.

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